Este humanoide tiene mas o menos el tamaño de un gnomo o un mediano. Tiene la piel escamosa, una cola pelada como la de una rata, y una cabeza de aspecto canino con dos pequeños cuernos. Los kóbolds son humanoides reptilianos pequeños, con tendencia a la cobardía y al sadismo. Su piel escamosa va del marrón óxido oscuro al negro óxido. Tienen brillantes ojos rojos y una cola, no prensíl, como la de una rata. Visten ropas andrajosas, a ser posible de color rojo o naranja. Estas criaturas comen plantas o animales, pero no les importa devorar a seres inteligentes. Pasan la mayor parte de su tiempo fortificando el terreno que rodea a su guardia con trampas y dispositivos de aviso (Como posos con pinchos, cables sujetos a ballestas y otros artilugios mecánicos). Los kóbolds odian a casi todas las demas clases de humanoides y a las fatas, especialmente a los gnomos y duendes. Un kóbold mide entre 2 y 2 y medio pies de altura (60 - 76 cm.) y pesa de 35 a 45 libras (16 - 20 Kg.). Estas criaturas hablan dracónico con voces que suenan como los ladridos de un perro, y las leyendas dicen que descienden de los mismos dragones y por ello tienen algunos rasgos similares.
Combate
A los kóbolds les gusta atacar disponiendo de superioridad numérica (al menos, dos a uno) o con engaños, y suelen huir cuando las cosas no están a su favor. Sin embargo, atacan a los gnomos en cuanto los ven aunque sus fuerzas estén igualadas. Éstas criaturas empiezan a luchar lanzando balas de honda, acercándose solo cuando ven que sus enemigos se han debilitado. Siempre que pueden, llevan a cabo sus emboscadas cerca de zonas con trampas, conduciendo a sus oponentes hacia ellas, donde otros kóbolds esperan para verter aceite en llamas sobre ellos, dispararles o hecharles sabandijas (insectos) venenosas ensima.
La sociedad de los Kóbolds
Por regla general, los kóbolds viven en sitios oscuros: lugares subterráneos y bosques profundos. Son buenos mineros y, a menudo, viven en minas desarrolladas por ellos. Una tribu kóbold envía partidas de guerra que patrullan en un radio de 10 millas (16 Km.) de su guarida, atacando a toda criatura inteligente que entre en su territorio. Suelen matar a los prisioneros para comérselos, pero, a veces, venden algunos de ellos como esclavos. Sus desagradables hábitos y la desconfianza que sienten hacia la mayoría de seres les han servido para granjearse numerosos enemigos. Una guarida de estas criaturas tiene un niño no combatiente y un huevo por cada diez adultos. Su deidad tutelar es Kurtulmak, que desprecia a toda criatura viva que no sea kóbold.
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